| Carta
del Maestro Hugo Rodríguez a los Docentes y Estudiantes
Amigos:
No
siempre podemos llegar en el tiempo y forma que quisiéramos
al lugar donde nos gustaría estar. Algo de eso me debe estar
pasando.
Seguramente
en este momento más de 1200 trabajadores de la educación están
construyendo con urgencia de militantes. Quizá hace algunos
años hubiera escrito que están construyendo con pensamiento
de santo y manos de albañil. Hoy me cuesta decirlo así.
Apenas echamos una ojeada sobre el estado de la educación
en nuestros países de América Latina reconocemos un inmenso
cementerio de santos y de albañiles. Por eso los prefiero
y los quiero militantes urgentes.
En
esos 1200 militantes imagino a docentes de todos los niveles
y en el mismo frente a un enjambre inquieto de estudiantes.
De alguna manera son los que construyen la miel de cada día.
Son la razón de ser de la existencia de los sistemas educativos
y en definitiva de la sociedad toda. No solo de esta dolorida
sociedad en la que tratamos de no naufragar sino de la dorada
sociedad del futuro donde los hombres se construyan día a
día con su trabajo digno; de esa sociedad donde el hombre
no sea una mercancía; de esa sociedad donde el amor, que siempre
puede corregir, no tenga sus estantes en los supermercados.
Esa sociedad que es posible, que venimos persiguiendo desde
el fondo de la historia y que tal vez ustedes estén empezando
a fundar en este mismo momento.
Creo
que Misión Futuro acierta casi completamente cuando reúne
a docentes y estudiantes -todos trabajadores de la educación-
para desarticular como primera prioridad el malhumor y muchas
veces la confrontación que puede llegar a caracterizar el
relacionamiento interno en las instituciones docentes, e inmediatamente
el relacionamiento con el resto de la sociedad. Por esto es
que afirmo que Misión Futuro acierta casi completamente. Hasta
donde yo sé no participan en el debate los representantes
de la sociedad civil, es decir los padres de alumnos, organizados
o no. Lo que han logrado no es poco y en mi opinión se mueve
en la dirección justa. Muy pronto también veremos a los padres
incorporados a esta cruzada. Si así no fuera se corre un doble
riesgo.
Por
una parte es posible que sientan como ajenas, como de otros,
las realizaciones del nuevo tiempo en cuya elaboración no
participaron. Por otra parte, en muchos casos puede significar
que no fueron tenidos en cuenta en una ocasión en la que la
reflexión colectiva pudo ser el gran trampolín para superar
la mezquindad de las vidas cotidianas.
De
todos modos es claro que el evento acierta en lo más en tanto
abre cauces y matriza una tendencia que conduce a las formas
de la democracia real: la participación colectiva de los protagonistas.
Y en educación todos somos protagonistas, explícitos o implícitos;
con sentido transformador, creador, o con sentido residual
en tanto sea lo último que importa; con signo positivo o con
signo negativo, es decir socialmente demoledor.
Es
bueno recordar que por lo general los jóvenes, los adolescentes,
rechazan la participación con sus padres. Pero eso es también
fruto de una educación poco cuidadosa. Los adolescentes siempre
han necesitado la confrontación como la única forma válida
de construir la personalidad propia. No solo en la actualidad
porque son rebeldes
o violentos. La rebeldía es el componente natural del
proceso de conquista de la personalidad. La violencia, en
cambio, es la herencia de los adultos, de sociedades que agotaron
las respuestas humanas para problemas en los que nunca pudieron
pensar. En los dos casos la educación como actividad social
compartida, sobrecondicionada y condicionante, debe
asumir la palabra conductora. No como texto sagrado, por cierto,
sino como la única metodología válida. La represión ha fracasado
siempre. No creo necesario acudir a lo que ya son lugares
comunes: el bloqueo a Cuba o los muertos y los torturados
de la guerra de Irak. Y tampoco quiero aparecer como tan ingenuo
que de pronto olvidé que allí no se descubrió ni se inventó
nada nuevo.
Entre
otros éxitos seguramente ustedes van a conseguir dar un paso
decidido y audaz en la destrucción de la feria paralizante
de las culpas. Los sistemas educativos se autodestruyen en
un proceso de distribución de culpas que recogen quejas, sólo
quejas. "Los estudiantes fracasaron porque los docentes
son ineptos o haraganes"; "la educación no se puede
llevar con éxito porque los jóvenes vienen cada vez peor,
son irrespetuosos y sucios"; "a los padres poco
les interesa la inserción de sus hijos en el sistema formal
de educación porque los maestros no son los de antes y los
hijos solo van a recoger vicios y adicciones en contacto con
otros chicos malos"; etcétera, etcétera.
Pero
siempre la culpa está afuera. Eso es la queja.
El
motor de las transformaciones reales está en la protesta,
que es otra cosa; supone asumir la responsabilidad personal
en la elaboración y la realización del proyecto colectivo,
al servicio de la comunidad. Es la única forma de preservar
la verdadera condición humana.
Y
a propósito de responsabilidades quisiera concluir llamando
al gran responsable de éste y de otros procesos: el Estado.
Los
gobiernos firman acuerdos y los parlamentos los aprueban,
y toman fuerza de ley, y a veces de precepto constitucional.
Ahora se trata de cumplir con la Ley y la Constitución.
Para
una evaluación correcta de la función docente tenemos que
empezar por entender en qué condiciones están trabajando profesores
y maestros, cuáles son sus salarios, cómo son los locales
de enseñanza, los materiales, los apoyos técnicos. Para juzgar
la violencia, el desaliento, el desinterés de nuestros jóvenes,
tendremos que mirar y averiguar dónde asumieron la violencia
y el desaliento como respuesta cotidiana. ¿Cuántos llegan
con hambre o con frío a escuchar las doctas exposiciones de
los docentes? Para tratar de valorar las actitudes de las
familias hay que volver la mirada a las políticas sociales,
si es que existen; cómo conjugar el desempleo, el subempleo
de salario indigno, con el interés o la necesidad de que los
hijos encuentren una esperanza de vida en la institución educativa.
Y este gran responsable vive en la sombra, contrata
préstamos internacionales para salvar el sistema financiero
y si por fin queda algo irá a la enseñanza (no a la educación),
a la salud puntual o a las viviendas de los asentamientos.
Quiero terminar antes de que se cumpla la profecía de
que las palabras sustituyen a los hechos, a las cosas.
Ustedes están echando las bases de algo que puede llegar
a ser muy grande y fructífero. Mis más cálidas felicitaciones
y mis mejores augurios. Y sobre todo felicitaciones a los
ideólogos de esta empresa esperanzada y esperanzadora.
Maestro Hugo Rodríguez
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